Secretos y confesiones
Por Francisco Mouat
¿Es legítimo que en nuestra vida traigamos a cuestas secretos guardados bajo siete llaves? ¿Por qué habría que ventilar todo lo que uno piensa o siente o ha hecho alguna vez en su vida? ¿Por qué los Estados del planeta se jactan de mantener en secreto un mundo de asuntos, y nosotros no podemos dejar en reserva un par de cuestiones estrictamente personales? ¿Cuál es el valor sagrado de eso que llamamos intimidad? El otro día hablábamos con un amigo sobre qué sucedería si durante un solo día de nuestras vidas estuviésemos forzados a expresar lo que pasa por nuestra mente, o si, peor aún, alguien o algo pudiera descifrar lo que sucede dentro de nuestra cabeza y nuestra imaginación con pelos y señales.
Sería horrible: no habría lógica alguna que resistiera con base firme, se haría añicos la imagen aparentemente ordenada que hayamos construido de nosotros mismos porque los seres humanos somos, como escribe Nicanor Parra, "un embutido de ángel y bestia". Los hombres necesitamos resguardarnos de nuestra propia precariedad, y aceptar como naturales las inevitables contradicciones que nos acompañan a donde vayamos. Nuestro andar no es unívoco...
Sería horrible: no habría lógica alguna que resistiera con base firme, se haría añicos la imagen aparentemente ordenada que hayamos construido de nosotros mismos porque los seres humanos somos, como escribe Nicanor Parra, "un embutido de ángel y bestia". Los hombres necesitamos resguardarnos de nuestra propia precariedad, y aceptar como naturales las inevitables contradicciones que nos acompañan a donde vayamos. Nuestro andar no es unívoco...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario